DIÁLOGO Y MÁSCARAS SOCIALES EN LA UNIVERSIDAD CATÓLICA DEL MAULE.

DIÁLOGO Y MÁSCARAS SOCIALES EN LA UNIVERSIDAD CATÓLICA DEL MAULE.

En el medio universitario de la Universidad Católica del Maule se reproduce el estado actual de ambivalencia que vive nuestra sociedad chilena: la clara descristianización de nuestra cultura chilena, que ha adquirido una “rapidez desconstructiva” y el proceso lento de un “conservantismo católico” que hace tiempo ha excluido otras sensibilidades católicas que legítimamente tienen una mejor recepción en el hombre o mujer inquietos de hoy. Los discursos valóricos, teológicos y socio-culturales de este “paradigma sobreviviente” se manifiestan entre las ruinas y nuevas edificaciones que su “fe católica razonada” intenta sintetizar para proponer a “sujetos” que no respiran o no pueden o no quieren respirar en esta atmósfera que se siente como muy reaccionaria y poco dialogante con la diversidad que hoy se presenta entre los católicos contemporáneos. Esto es una sensación, es un pre-juicio, o no es completamente así lo que está ocurriendo, pero es lo que predomina como impresión en una masa importante de estudiantes que no viven la fe católica y ni siquiera desean realizar un diálogo auténtico con la Iglesia. En forma fragmentada expresa una realidad. Se rechaza o se aparenta aceptar esta fe. Aparentar es clave para algunos que así se infiltran en el medio o sobreviven en él. Esto falsea o dificulta la realización de un diálogo auténtico que permita construir positivamente una nueva alternativa inclusiva. No falta un “pequeño resto de fieles” que no se sabe posicionar al interior de la Universidad.
En el mismo tema del diálogo que se intenta construir al interior de las aulas y foros se hace evidente la disfuncionalidad de los medios y fines. Hay que entrar en un ambiente de doble cara: “una que se muestra ante la Escuela o facultad y profesores” y otra que se muestra en “los pasillos o carretes”. No ver esto es engañarse o querer engañar.
Alguien podría decir con cierta certeza que: “El diálogo como actitud presupone una voluntad de cortesía, estima, simpatía y bondad por parte de quien emprende el diálogo y debe ir acompañada de la actitud de escucha en quien habla, para poder disponer a la confianza, dejando espacio para la respuesta. El diálogo auténtico debe estar atento a no convertirse en monólogo, deseo de dominar al otro o negación del otro cerrándose al diálogo”. Esto es esencial, sin embargo, hay algo que está en el fundamento de todo lo anterior: el diálogo debe partir de una cierta “verdad personal” del dialogante. Es decir, el contenido y el sujeto del diálogo son verdaderos o expresan una realidad. No hay un intento de engañar al interlocutor con una “falsa imagen de la identidad” o una “máscara”, ejemplo, aparentar ser católico y profesar otra religión o simplemente no ser creyente o engañar con un “contenido dialógico ficticio”, ejemplo, decir querer una cosa y en realidad se quiere otra cosa. Sería una caricatura de diálogo, que no busca dialogar sino engañar y manipular.
Lo anterior es muy importante, porque hoy la gente sabe que hay que ocultar lo que más se pueda el egoísmo y la mala intención. Vivimos en “una sociedad de la apariencia”. Hay que “blanquear la imagen.” Esto es muy fuerte en las generaciones más jóvenes de nuestra sociedad. Es un arte el saber aparentar y engañar. Hay una cultura del cinismo que se hace cada vez más afín con estos tiempos pragmáticos e individualistas.
No sabemos distinguir con facilidad las “máscaras” de las “personas reales” que se nos presentan en el “mercado omnipresente” de nuestro horizonte social y público.
Se llega al extremo de exigir que la sociedad acepte la máscara como sujeto social. Todos debemos guardar silencio o no desmentir a quien está engañando a una institución con una falsa identidad. Hacerlo es ser traidor o delator. Esto establece un mundo de relaciones falsas y denigrantes, porque se presiona a quienes viven con sinceridad valores y principios, que para ellos son importantes, incluso fundantes de la existencia y tienen que ser avales de “personas camufladas.” El paroxismo de esta situación es pretender dialogar desde esta falsedad, incluso calificar de intolerante a quién no acepta entrar en esta farsa.
La tolerancia tiene límites, pero se necesita que sea permanente; y el diálogo se debe siempre realizar con quién quiere dialogar. Esto es un principio. Pero, hoy la manipulación de la apariencia, el residuo más nefasto de la falsificación ideológica, presiona violentamente para ocupar el mismo “lugar valórico” que la veracidad. Esto lleva a una destrucción de la confianza real. Aparentemente se puede esperar que funcione algún acuerdo en la medida que se comprueba que los intereses que se buscaron asegurar mantienen su forma tangible y están controlados por los involucrados. Inevitablemente esta manipulación nos lleva a un cinismo existencial donde el diálogo pasa a ser un eco de otro mundo que un día fue y que hoy es casi una leyenda ingenua, una apariencia social. Sin embargo, sí se quiere establecer una comunicación auténtica se hace vital recuperar un diálogo de personas y no de máscaras. En resumen: el diálogo para que sea tal debe estar basado en la veracidad y en la búsqueda de una “verdad fundamental en la cercanía” que establezca un encuentro real con el otro. Es decir: este encuentro con lo real del otro hace posible una aceptación mutua que funda el acuerdo que se necesita concretizar. Es deseable que esto se haga posible en una Universidad Católica y más, es la misión y razón de ser de una Universidad católica, sobre todo en estos momentos en que Chile está teniendo la experiencia de “terremotos morales” en diversas áreas de su vida pública y privada, incluso eclesial.

¡EN MEDIO DEL BRUTAL RUIDO DEL CONSUMISMO, HAY UN HUMILDE ÁNGEL QUE ANUNCIA: NACIÓ EL SALVADOR!

¡EN MEDIO DEL BRUTAL RUIDO DEL CONSUMISMO, HAY UN HUMILDE ÁNGEL QUE ANUNCIA: NACIÓ EL SALVADOR!



Solemnidad de la Natividad del Señor - Ciclo "B" - 25 de Diciembre de 2011. El primer anuncio del Nacimiento de Dios-Hombre fue hecho a los Pastores -a los campesinos de la época- que cuidaban sus rebaños en las cercanías de Belén. De toda la humanidad, Dios escogió a estos pobres, humildes y sencillos hombres para ser los primeros en llegar a conocerlo.

Un Ángel se les apareció la noche de la Primera Navidad anunciándoles: “Vengo a comunicarles una buena nueva... hoy ha nacido el Salvador que es Cristo Señor” (Lc. 2, 11). Si bien los Pastores sienten “un miedo enorme” cuando “el Ángel del Señor se les apareció y los rodeó de la claridad de la Gloria del Señor” (Lc. 2, 9), no se sorprendieron ante el anuncio que se les hiciera. Ellos esperaban al Salvador. A causa del pecado de nuestros primeros progenitores, la humanidad se encontraba a oscuras, derrotada, pues había perdido el acceso al Cielo.

Los Profetas del Antiguo Testamento, especialmente Isaías (Is. 9, 1-3 y 5-6) nos hablan de que la humanidad se encontraba perdida y en la oscuridad, subyugada y oprimida, hasta que vino al mundo “un Niño”. Entonces “el pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz ... se rompió el yugo, la barra que oprimía sus espaldas y el cetro de su tirano”. Isaías profetiza con 700 años de anticipación el nacimiento de un niño que sería “Dios poderoso”, “Príncipe de Paz”, que vendría a establecer un reinado de Paz “para siempre”. Podemos imaginar, entonces, la alegría que deben haber sentido los Pastores cercanos a la cueva de Belén cuando el Ángel se les aparece en la Noche de Navidad y les dice: “Les traigo una buena noticia, que causará gran alegría a todo el pueblo: hoy les ha nacido en la ciudad de David, un salvador, que es el Mesías, el Señor”. (Lc. 2, 1-14) Se cumple así la esperanza de redención del género humano; es decir, se nos abren nuevamente las puertas del Cielo. Ya el destino final de los seres humanos no tiene que ser el Infierno. Por eso San Pablo nos dice que “la gracia de Dios se ha manifestado para salvar a todos los hombres ... para que vivamos de una manera sobria, justa y fiel a Dios, en espera de la gloriosa venida del gran Dios y Salvador, Cristo Jesús” (Tt. 2, 11-14).

Y sucedió que mientras el Ángel de Señor les hablaba a los pastores, aumentó el resplandor luminoso que los cubría, al aparecer una multitud de otros Ángeles que “alababan a Dios” cantando una suave y gozosa melodía: “Gloria a Dios en lo más alto del Cielo, y en la tierra, gracia y paz a los hombres” (Lc. 2, 14). Sabemos que los Pastores creyeron sin dudar lo que se les había anunciado y se dijeron: “Vamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos dio a conocer” (Lc. 2, 15). El texto griego dice literalmente: "Veamos esta Palabra que ha ocurrido allí". Sí, ésta es la novedad de esta noche: se puede mirar la Palabra, pues ésta se ha hecho carne. Aquel Dios del que no se debe hacer imagen alguna, porque cualquier imagen sólo conseguiría reducirlo, e incluso falsearlo, este Dios se ha hecho, él mismo, visible en Aquél que es su verdadera imagen, como dice San Pablo (cf. 2 Co 4, 4; Col 1, 15). (Benedicto XVI-Navidad 2009)

Fueron presurosos y, tal como les fuera dicho “hallaron a María, a José y al recién nacido acostado en la pesebrera” (Lc. 2, 16). Si Dios el Señor les manifestó a los pastores su presencia en el mundo a través del anuncio angélico, debe haberles también manifestado su Divinidad a éstos, sus primeros visitantes, pues según dicen algunas traducciones de la Escritura “cuando los pastores lo vieron, comprendieron lo que les había sido dicho sobre este Niño”.

La señal de Dios, la señal que ha dado a los Pastores y a nosotros, no es un milagro clamoroso. La señal de Dios es su humildad. La señal de Dios es que Él se hace pequeño; se convierte en Niño; se deja tocar y pide nuestro amor. Y así nos invita a ser semejantes a Él en la humildad. (Benedicto XVI-Navidad 2009) La gracia de Dios debe haber tocado a estos sencillos hombres muy profundamente, causándoles una fuerte renovación espiritual, por lo cual “después se fueron glorificando y alabando a Dios porque todo lo que habían visto y oído era como se lo habían anunciado” (Lc. 2, 20). Los Pastores son de esos “pobres en el espíritu” que luego Jesús el Salvador menciona en Sus Bienaventuranzas, “que de ellos es el Reino de los Cielos” (Mt. 5, 3)... Y ese Reino también está presente hoy en medio de este mundo que se intentó construir sin lo divino y que hoy se vuelve contra el hombre que dejó de ser un fin y ahora es un medio para producir bienes. El Reino es recuperar y restaurar la dignidad humana de los hijos e hijas de Dios, que hace posible una vida fraternal iluminada por Dios.

“EL MUNDO NO ES ABSURDO, PORQUE DIOS LO AMA”

“EL MUNDO NO ES ABSURDO, PORQUE DIOS LO AMA”

3°Domingo de Adviento, 11 de diciembre 2011. Ciclo B. Lecturas, Salmo y Evangelio: Is 61, 1-2.10-11. Sal Lc 1 / 1-Tes 5, 16-24. Jn 1, 6-8.19-28. San Pablo parece darnos hoy el tono humano que caracteriza el estilo de vida de un cristiano en medio del siglo presente: la alegría, la oración y la acción de gracias. Ante un Dios “fiel que cumple sus promesas”, aguardar su “parusía”, debe ser motivo de esa alegría, acciones de gracias y vida de oración. Hoy celebramos «el Domingo Gaudete» dentro del Adviento, precisamente por el tono de júbilo y alegría presente en las lecturas. La alegría es fundamental en el cristianismo, que por esencia es Evangelium –Buena Nueva– y no nos parece razonable recibir una buena noticia con aires de tristezas.
La alegría es uno de los principales temas en las sagradas Escrituras. El mensaje de la Biblia es profundamente optimista: Dios quiere la felicidad de los hombres; que vivan plenamente y participen de su ser.
Los maestros espirituales de todos los tiempos han enseñado que lo que da más paz, tranquilidad y alegría es la perfecta conformidad con la voluntad de Dios: «Quiere siempre y en todo lo que Dios quiera y como Dios lo quiera».
Sin duda, el hombre moderno busca también la alegría humana, pero pocos la encuentran, o queda reservada a unos pocos e incluso, generalmente, son alegrías dudosas o pasajeras. Hay quienes buscan la alegría en la evasión, el sueño y el placer, y aceptan una vida cotidiana sin relieve y sin sentido.
El mundo no es absurdo, ya que Dios lo ama, y el principio vital de su éxito se nos ha dado una vez por todas en Jesucristo. Es que el mundo no se ha enterado. Precisamente dice hoy el Evangelio que surgió un hombre enviado por Dios, llamado Juan (el Bautista), que venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe, y decía: “En medio de vosotros, hay uno que no conocéis”. Ese que el mundo no conoce, es la fuente de la alegría verdadera, de la paz duradera y la esperanza cierta.
De igual manera nos recuerda hoy la voz profética del tercer libro del profeta Isaías (caps. 56-66), escrito probablemente en el periodo posterior al exilio babilónico (siglos VI-V a.C.), el tono de esperanza y alegría con el que se anuncia la inminente manifestación de Dios; “Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios: porque me ha vestido un traje de gala… Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los himnos, ante todos los pueblos”.
El mensaje cristiano está lleno de esperanza y alegría para el hombre de todos los tiempos. El entusiasmo cristiano se alimenta de la esperanza en una vida mejor. En la vida eterna. Jesús es el único que nos promete vida eterna. Dice San Pablo a los filipenses: «Manteneos alegres como cristianos que sois». «Que la esperanza os tenga alegres». La esperanza hace llevadera la cruz, y soportable el dolor. La esperanza es esencial para la vida del ser humano. El hombre sin esperanza muere.
Decía el doctor Víctor Frankl, al narrar sus experiencias con los prisioneros de los campos de concentración nazis: «Sólo se mantenían vivos los que tenían esperanza. Aquellos a quienes se les apagaba la llama de la esperanza, tenían sus días contados». La esperanza de la vida eterna es la más brillante y cierta de las esperanzas. Debemos vivir y comunicar esta esperanza.
Los cristianos debemos ser portadores de esperanza. Dice el Concilio Vaticano II en la Gaudium et Spes: «El cristiano tiene que dar al mundo razones para vivir y para esperar».
Vivir la esperanza cristiana llena la vida de acción y optimismo en un mundo donde reina el pesimismo, la tristeza, la amargura, el vacío interior y el hastío. Un mundo harto de materialismo y de sexo. Un mundo miope y arrugado.
La verdadera alegría no llega hasta que no la trae Cristo. Nuestra alegría no será auténtica hasta que deje de apoyarse en cosas que pueden sernos arrebatadas y destruidas, y se fundamente en la más íntima profundidad de nuestra existencia. Por el contrario, toda pérdida externa debería hacernos avanzar un paso hacia esa intimidad y hacernos más maduros para nuestra felicidad auténtica.
Celebrar el Adviento significa, despertar a la vida la presencia de Dios oculta en nosotros. Juan el Bautista y María nos enseñan a hacerlo. Para ello hay que andar un camino de conversión, de acercamiento a lo invisible y redescubrimiento del sentido profundo de la vida en comunidad, donde se vive el amor, la política como servicio a los hermanos. Lo visible es necesario, pero lo necesario de este mundo encuentra su sentido en Dios. La vida se hace plenamente humana en la trascendencia divina. El hombre o mujer no es hombre o mujer sin Dios. Dios es necesario en cada dimensión de la vida humana. El cristiano no reduce su fe a un ritualismo desligado de lo vivencial, toda su vida personal o privada o pública es religiosa. Es una religiosidad que nutre su historia cotidiana. Porque no hay una separación de lo sagrado y lo profano. Incluso diferenciar estos planos sin separarlos, supone una sinceridad radical, una solidaridad real, un compromiso de liberación con los pobres. No podemos quedarnos en la mera teoría social o pastoral. Prepararse para la venida del Señor es hacer realidad la fraternidad, la tolerancia, la paz, el amor y todos los valores del evangelio y, superar toda forma de autoritarismo, de manipulación de la conciencia, de favoritismo y abusos diversos.
Construir este mundo con Cristo es un fruto de su resurrección. Su advenimiento irrumpe en la historia desde el futuro. Es la esencia de nuestra esperanza. Oramos y construimos nuestra historia. Cristo viene y a la vez está presente. Es el comienzo y el fin.

LA CONVIVENCIA HUMANA: LO PEOR Y LO MEJOR DEL SER HUMANO.

LA CONVIVENCIA HUMANA: LO PEOR Y LO MEJOR DEL SER HUMANO.

Los problemas de convivencia que se producen en una población popular de Linares, no son fenómenos aislados del resto de la ciudad, incluso se pueden encontrar en otros lugares o ciudades del país. ¿Es una novedad botar basura en el sitio del vecino? ¿Destruirle el cerco? ¿Amontonar escombros en su vereda para perjudicarlo? Hoy la gente sabe que hay que ocultar lo que más se pueda el egoísmo y la mala intención. Vivimos en “una sociedad de la apariencia”. Hay que “blanquear la imagen.” La crisis de valores que vivimos día a día se hace cada vez más masiva.

Un grupo de vecinos de una población de Linares con el presidente de su sector a la cabeza apoyó la instalación de una casa de prostitución, porque es un negocio privado, cada cual sabe lo que hace con su sexualidad. Pero este “antro no se queda en la oscuridad”. Los clientes salen ebrios de este local y han chocado el cerco del vecino del frente en tres o más oportunidades, destruyéndolo. La música a todo volumen, los gritos, las peleas tiñen la noche de intranquilidad. Pero, aparentemente nadie tiene un reclamo. De esta casa de placer botan basura al sitio del vecino que vive al frente ¿por qué? El camión de la basura pasa todas las semanas? ¿Por qué molestan a una familia tranquila? Pero, nadie de la directiva de la población interviene para impedir que se cometa este abuso. Estos mismos personajes piden áreas verdes a los políticos que han vuelto a acordarse de esta población y otras. Los que hablan más fuerte piden muy agitados lugares de recreación para los niños y adolescentes. Algunos hablan contra las drogas y el alcoholismo. ¡Es increíble! Para esto hay que tener, según ellos, áreas verdes y mantener a estos jóvenes, niños y adolescentes de ambos sexos muy ocupados en deportes y diversas formas de recreación. Así no caerían en las drogas y otros vicios. Parece que hablan de animales que funcionan con estímulos y respuestas.

Los teóricos más serios de la educación están de acuerdo que la integración a la naturaleza o al entorno natural es un factor básico en la formación integral de las nuevas generaciones. Incluso ni siquiera hay que ser un profesional de la educación para saberlo. Pero, es un elemento entre otros que también son importantes. Incluso más. Uno de ellos es la familia. Este mismo grupo de personas con “ideas de progreso” son padres y madres de familia. ¿Cómo viven su paternidad o maternidad? ¿Su relación de esposos? ¿Respetan a sus semejantes? La violencia intra-familiar está muy presente en los hogares bajos, medios y altos. Sí las figuras paterna y materna no son sanas o relevantes en la vida afectiva y moral de los hijos de estos padres, la deformación del proyecto de vida de estos niños o jóvenes no dejará de notarse. Entonces sus valores estarán debilitados y no podrán crecer y madurar normalmente. Las áreas verdes no les servirán para evitar el mal. Serán lugares para drogarse, para tener sexo, para seguir desarrollando el egoísmo y “mala vivencia” de sus hogares. El deporte será una mera actividad, que reflejará la violencia y tal vez el fanatismo que hace el papel de una falsa religión, que no asume la auténtica espiritualidad que concibe al ser humano como un sujeto solidario y “valórico-trascendental”. Y lo peor es que estos jóvenes y niños ven a sus mayores tirar basura, cadáveres de animales, etc. en el sitio o escombros en la vereda de una anciana vecina que tiene un espacio grande y de esta manera quieren perjudicarla, molestarla porque no les “regala la tierra,” por decirlo así, para hacer áreas verdes. Esto ocurre en una población de Linares: Quinta la Libertad. Está llegando a tal punto esta situación que se ha tenido que acudir a carabineros, que ya están informados de este hecho de mala convivencia.

Es en estos ambientes donde se comprueba con detalles la actual descomposición moral que está sufriendo el país. La gente se organiza sí, pero el individualismo, el apetito por recibir beneficios materiales, el ansia por consumir como lo máximo de la vida, está en el fondo de no pocos vecinos. El fin justifica los medios. Muy pocos creen en el bien común y los que creen en estos valores, pocas veces son líderes significativos. La mayoría asegura lo propio.

Valores tan centrales como la religión se ven debilitados sino ignorados en estos contextos vecinales. Los que se dicen “salvados” muchas veces viven una caricatura de “evangelio” que no es otra cosa que un “solipsismo espiritualista” o egoísmo refinado. No se sabe encontrar la justa relación entre lo moral-espiritual o religioso y lo público-político. El falsamente puro no se mete en lo público o político; otros viven una superposición de lo religioso como apariencia y todo lo hacen una cuestión política, todo, y desaparece lo más profundo de lo humano, que es mucho más que la política. Les falta una visión valórica integral que les permita, por ejemplo, buscar lo material sin anular lo ético y religioso. Y otros, simplemente son incrédulos, por no decir impíos. Para agravar este cuadro no faltan los políticos que se dedican a repartir lo ajeno o por lo menos hacen la representación. Curiosamente presionan a los que tienen un poco más que otros y son complacientes con los que tienen el poder económico. Es una actitud realmente asquerosa.

Las cosas no sólo hay que necesitarlas, hay que adquirirlas con legitimidad, sin atropellar a las personas. Sin envidia y sin usar la mentira. Hay gente que hace una crítica social y no hace nada por formar en valores a las nuevas generaciones. Es una falencia grave que es transversal en la política chilena. En resumen: es urgente rescatar lo comunitario para desarrollar formas justas y honestas que permitan progresar materialmente y crecer como personas en comunidad. Esto también supone un trabajo educativo en medio de la familia y vecindario.

¡DIOS IRRUMPE EN NUESTRA HISTORIA, ASUMIENDO TODA NUESTRA REALIDAD!

¡DIOS IRRUMPE EN NUESTRA HISTORIA, ASUMIENDO TODA NUESTRA REALIDAD!

DOMINGO 1º de Adviento - Ciclo "B" - 27 de Noviembre de 2011 - Hoy comenzamos un nuevo Año Litúrgico (Ciclo “B”). La Iglesia ha ordenado las Lecturas de los Domingos en tres ciclos: A, B y C, de manera que cada uno de los ciclos se repite cada tres años. Es por ello que las Lecturas de este Ciclo “B” que hoy comenzamos no son las mismas que las del Primer Domingo de Adviento del año pasado.
Es así como en tres años de Lecturas dominicales, los fieles pueden tener una idea bastante completa -sin llegar a ser total- de la historia de la salvación contenida en la Sagrada Escritura. Y el Año Litúrgico comienza con el Tiempo de Adviento. Hoy es el Primer Domingo de Adviento, tiempo de espera para la venida de Cristo... Y tiempo de espera significa tiempo de preparación para esa venida. Las Lecturas de este tiempo de Adviento nos trasladan a veces a ese gran anhelo de la venida del Mesías que existía en el pueblo de Israel durante el tiempo del Antiguo Testamento. Ellos esperaban a Aquél que vendría para salvar a la humanidad. Vemos tal anhelo en la Primera Lectura del Profeta Isaías (Is. 63, 76-19; 64, 2-7). Las palabras del Profeta son una súplica llena de urgencia con la que quisiera -por así decirlo- adelantar la venida del Salvador: “Ojalá rasgaras los cielos y bajaras, estremeciendo las montañas con tu presencia”. Ese anhelo, ese grito de los profetas y santos del Antiguo Testamento ya fue satisfecho, pues esa primera venida del Hijo de Dios -su venida histórica- ya tuvo lugar hace más de dos mil años. En efecto, Jesús nació, vivió, sufrió, murió y resucitó en nuestra tierra, en nuestra historia. Y así ha salvado -ha rescatado- a la humanidad que se encontraba perdida en el pecado. Ya la salvación esperada fue realizada por Cristo. Ahora nos toca a nosotros aprovechar la salvación que ya Cristo efectuó.
Desde su primera venida, la humanidad se encuentra en espera de la “parusía”, es decir, de la venida gloriosa de Cristo al final de los tiempos. El Adviento es tiempo especial de preparación para esa segunda venida de Cristo. De allí que los clamores por el Mesías contenidos en el Antiguo Testamento, los sentimos también como clamores por esa esperada venida gloriosa de Cristo al final. Por eso también, muchas de las lecturas de este tiempo se refieren a este esperado acontecimiento. Tan esperado, que San Juan finaliza el libro profético del Apocalipsis con ese clamor de toda la Iglesia (la esposa) unida a Dios (el Espíritu): “El Espíritu y su esposa dicen: ... ‘Ven’ ... El que da fe de estas palabras dice: ‘Sí, vengo pronto’. Así sea: Ven, Señor Jesús” (Ap. 22, 17 y 20). Con estas palabras termina la Biblia: el Señor diciéndonos que viene pronto y nosotros, la Iglesia, la humanidad entera, diciendo que ojalá así sea y pidiéndole que venga.
Mientras estamos a la espera de ese “adviento”, de ese advenimiento, de ese acontecimiento tan importante -el más importante de la historia de la humanidad- el recibimiento de Cristo debe irse preparando en el corazón de cada persona. ¿Y cómo podemos ir preparando esa venida del Señor a nuestro corazón? De varias maneras Jesús, Hijo de Dios, se nos hace presente en este tiempo de espera en que nos encontramos actualmente aguardando su venida gloriosa. La presencia de Cristo en este tiempo intermedio entre su estadía histórica en nuestro mundo en medio de nosotros y su próxima venida gloriosa, se da en nosotros por medio de su Gracia. Su Gracia que El derrama de muchas maneras: primeramente nos viene a través de los Sacramentos. Los Sacramentos son vías especialísimas, signos visibles, por medio de los cuales Cristo se hace presente: En el Bautismo nos borra el pecado original y da a cada bautizado su Gracia, que es su Vida misma. En la Confesión nos restaura la Gracia perdida por los pecados cometidos después del Bautismo. En la Eucaristía está realmente presente, vivo, y se da a nosotros en forma de alimento para nuestra alma, fortaleciendo nuestra vida espiritual. Jesucristo también se hace presente con su Palabra, contenida en la Sagrada Escritura. También se nos da en la oración, con inspiraciones e impulsos interiores. Permitiendo que Cristo venga a nuestro corazón en cada una de estas formas en que se nos ofrece, dejamos que El vaya transformándonos cada vez más profundamente. Es la manera cómo nos vamos preparando a su venida gloriosa. Así pueden cumplirse en nosotros las palabras finales de la Lectura de Isaías: “Señor, Tú eres nuestro Padre; nosotros somos el barro y Tú el alfarero; todos somos hechura de tus manos”. Esta frase recuerda también a una muy similar del Profeta Jeremías: “Mirad que como el barro en manos del alfarero, así sois vosotros en Mi Mano” (Jr. 18, 1-6). De este cambio personal se hace posible un cambio social profundo.
Si en este tiempo intermedio entre una venida y otra de Jesús nos dejamos moldear por Dios, por su Voluntad, por sus designios, como lo que Dios muestra al Profeta Jeremías, al hacerlo ir a una alfarería para ver cómo el barro es moldeado por el alfarero, así estamos cumpliendo lo que nos exige el Evangelio de hoy (Mc. 13, 33-37) y lo que nos dice San Pablo en la Segunda Lectura (1 Cor. 1, 3-9). Estas lecturas nos hablan de espera, de vigilancia, de estar preparados. “Velen y estén preparados, porque no saben cuándo llegará el momento”, nos pide el Evangelio, pues no sabemos “a qué hora va a regresar el dueño de la casa”. Por eso nos pide el Señor al final de este trozo evangélico: “Permanezcan alerta”. Si así lo hacemos, si pasamos este tiempo de espera preparándonos de esa manera para la venida de Cristo, dejándonos moldear de acuerdo a su Voluntad y a sus designios, El mismo nos hará perseverar hasta el final, como nos dice San Pablo en la Segunda Lectura: “El nos hará permanecer irreprochables hasta el fin, hasta el día de su advenimiento”. No sólo en estas Lecturas de hoy, sino a lo largo de toda la Biblia, el Señor nos pide insistentemente estar atentos a su venida, preparándonos para recibirlo cuando venga como Justo Juez. Este llamado es aún más insistente durante el tiempo de Adviento, ya que nos estamos preparando para conmemorar en Navidad la primera venida de Jesús, cuando Dios se hizo hombre y nació en un momento preciso de nuestra historia y también en un sitio preciso de nuestra tierra. Nos encontramos entre una y otra venida de Cristo. La primera ya sucedió. La segunda “no saben cuándo llegará el momento”. Pero sabemos que llegará... De hecho, cada día que pasa es un día menos para su próxima venida. Por eso el Señor nos recuerda ¡tantas veces! que estemos preparados, que velemos, porque no sabemos a qué hora regresa. “¡Sí, vengo pronto!” ¡Ven, Señor Jesús!

¿SERÁ POSIBLE UNA REFORMA DEL VATICANO Y DE TODA LA IGLESIA, AHORA? CUARTA PARTE.

¿SERÁ POSIBLE UNA REFORMA DEL VATICANO Y DE TODA LA IGLESIA, AHORA? CUARTA PARTE.
Thomas J. Reese, sacerdote jesuita, escritor y ex editor en jefe de un semanario católico; propone seis reformas que según él, reflejan prácticas que han probado ser exitosas en la sociedad civil. 1.- HACER DEL VATICANO UNA BUROCRACIA, NO UNA CORTE. 2.- REFORZAR LOS CUERPOS LEGISLATIVOS EN LA IGLESIA. 3.- CONVERTIR LAS CONGREGACIONES EN COMISIONES SINODALES ELEGIDAS. 4.- CREAR UNA JUDICATURA INDEPENDIENTE. 5.- MODIFICAR LA ELECCIÓN DE OBISPOS. 6.- FORTALECER LAS CONFERENCIAS EPISCOPALES HACIENDO DE ELLAS CONCILIOS.” (Estas 6 reformas fueron detalladas en el artículo anterior. Ahora solamente las mencionamos para conectar esta reflexión)
Insiste: “¿SERÁ POSIBLE? Sabemos que estas seis reformas no traerán con ellas el reino de Dios. Ninguna estructura de gobierno es perfecta, y cada reforma tiene efectos colaterales negativos. Sin embargo, estas reformas ayudarían a la Iglesia a proseguir en los principios de colegialidad y subsidiariedad. Es conveniente subrayar que la mayor parte de estas reformas significaría una vuelta a prácticas y a estructuras anteriores de la Iglesia. Sabemos que siempre es más importante una reforma y conversión espiritual que una reforma estructural. Sin embargo, esto no significa que la reforma estructural sea poco importante. ¿Qué probabilidad real existe actualmente para tales reformas? Como científico social, tendría que decir cercana a cero. Una reforma de tales características sería contraria a la teología de la Iglesia del grupo de hombres que la dirige y disminuiría su poder. Pero, con todo, como cristiano y católico, tengo que esperar.”
Pero, no son pocos los católicos para los que este esperar los tensiona con dureza. Resulta revelador conocer cuál es la opinión de personas que parecen muy pasivas e indiferentes en estos temas sobre la Iglesia. Sienten que hay valores que están vigentes, pero también hay falencias en la forma de administrar la Iglesia en todos sus niveles.
Fuera de la Iglesia, la falta de modelos de liderazgo en todas las áreas de poder de nuestra sociedad, es un mal que se denuncia desde hace mucho tiempo. Faltan líderes válidos o positivos. Hoy una prostituta es un modelo que es promovida por los medios. Un cantante drogadicto, una actriz divorciada por quinta vez son noticias consumidas con avidez. Paralelamente se tiene más conciencia de los derechos ciudadanos, de la democracia, de la no-discriminación, del multiculturalismo y otros temas sociales. Miles de personas luchan por el medio ambiente, por los derechos de las minorías de todo tipo, sexuales, étnicas, etc. y se presentan paradojas muy marcadas: una juventud que lucha por una educación sin fines de lucro, pero que desea ganar dinero como una meta central de la vida. Están atrapados en el consumismo y viven el momento. Dicen que quieren una educación de calidad y estudian solamente para salvar el ramo con un cuatro. Mayoritariamente la gente quiere un máximo de bienestar con un mínimo de esfuerzo. Vivimos en una sociedad decadente y que sufre un claro proceso de descomposición social.
¿No sería un gran aporte para la sociedad actual una Iglesia renovada, donde al hombre o mujer común se les permita participar realmente, respetando y potenciando sabiamente su capacidad de conducir el conjunto de la Iglesia de una manera cada vez más progresiva junto con los pastores o jerarquía de la Iglesia? Estas formas tendrían que servir de modelos para la democracia social, para la tolerancia civil, para las organizaciones comunitarias, para una democracia de las bases ciudadanas. La participación actual de los laicos en la Iglesia no tiene un impacto importante en la sociedad civil, es muy insuficiente. Incluso, muchas de las instancias donde participan los laicos, son momentos configurados y valorados como “consultivos”, que un paternalismo los acomoda a su voluntad. Participar es mucho más que ser consultados.
La Iglesia católica evitó un desastre total en la caída del imperio romano, su organización internacional permitió continuar con la civilización occidental. No todo fue perfecto pero se hizo posible una cultura que está en las bases de nuestra sociedad actual, que también está sufriendo una profunda crisis. La Iglesia, es un misterio divino y no es meramente humano o temporal, sin dejar de ser histórico. Puede y debe salvar a este mundo post-moderno, siendo un modelo de respeto a la dignidad humana, de ejemplos de prácticas participativas y democráticas alternativas a todos los totalitarismos e intolerancias actuales. Pero, hay que extirpar definitivamente los restos monárquicos que aún se mantienen como anti-signos anacrónicos en algunas partes de su estructura eclesiástica. También es una realidad que miles de laicos no están preparados para participar en una Iglesia más comunitaria y comprometida con los cambios sociales. Se han abierto espacios en la Iglesia para los laicos (con limitaciones), pero miles quedan fuera. Demasiados laicos ni siquiera se sienten parte de ella. Es la Iglesia de los curas, monjas y piadosos; reciben un “bien religioso” de ellos y nada más. Pero, en el límite Iglesia-mundo, miles de estos laicos necesitan modelos de liderazgo y participación. Han aprendido que son personas con derechos y deberes sociales, pertenecen a una cultura que habla de derechos humanos y democracia. Sienten que tienen un cierto poder en esta sociedad civil. ¿Y en la Iglesia? Los que han separado la creencia de la vida, la moral de la religión, la vida civil de la vida eclesial; no parecen preocuparse de este tema. Esta dicotomía dificulta la comprensión de la doctrina social o moral social de la Iglesia. Otra cosa es diferenciar las autonomías respectivas: Iglesia-sociedad temporal o la separación Iglesia-Estado. Muy necesarias de mantener y respetar. Pero un laico es también un ciudadano que libremente influye en el mundo.
Una Iglesia renovada, más comunitaria, con laicos adultos, con una participación masiva y real de los fieles, con seguridad, acercaría más la Iglesia al mundo actual, donde impera el paradigma democrático, a pesar de la crisis reciente de este sistema. Y se podría fomentar (no imponer) desde esta Iglesia masiva de laicos, una nueva sociedad civil más humanista, participativa y democrática que tendría miles de activistas que habrían crecido en una cultura espiritual donde son considerados como “hijos adoptivos de Dios con derecho a decidir con responsabilidad”. Esto, suponiendo la pluralidad y secularización de nuestro tiempo.
Volviendo a la realidad actual, en esta sociedad mediática, los errores y falencias de una organización milenaria como la Iglesia se pueden magnificar por intereses diversos, en realidad esto sucede constantemente, por lo mismo, el discernimiento cristiano se hace necesario para cuestionar estas falencias y errores y rescatar siempre lo esencial de la Iglesia.

SEIS POSIBLES REFORMAS DEL VATICANO, MIRANDO A LA SOCIEDAD CIVIL. TERCERA PARTE.

SEIS POSIBLES REFORMAS DEL VATICANO, MIRANDO A LA SOCIEDAD CIVIL. TERCERA PARTE.
Thomas J. Reese, sj. es el autor de esta reflexión sobre la reforma del Vaticano. Es un católico norteamericano, sacerdote jesuita, escritor y ex editor en jefe de un semanario católico.
”La historia nos muestra que la Iglesia siempre ha copiado ideas y estructuras de la sociedad civil. La pregunta que surge entonces es: ¿Cuáles son hoy algunas de las mejores prácticas en la sociedad civil que podrían ayudar a la Iglesia? A lo largo de los dos últimos siglos la sociedad civil ha aprendido que el buen gobierno pasa por: la eliminación de una nobleza poderosa, la adhesión al principio de subsidiariedad y la creación de un sistema de controles y evaluaciones. Propondré a continuación seis reformas que pienso reflejan prácticas que han probado ser exitosas en la sociedad civil.
1.- HACER DEL VATICANO UNA BUROCRACIA, NO UNA CORTE. La mayoría de los países ha descubierto que una corte compuesta por un rey y sus nobles no constituye un buen modo de gobernar. El Vaticano tiene aún tanto de corte como de burocracia. De hecho, a los cardenales se les llama “príncipes de la Iglesia” y algunos obispos actúan como nobles. Podría ser recomendable que ningún miembro de la burocracia vaticana sea designado obispo o cardenal. Uno de los problemas que tienen tanto nobles como obispos, si son incompetentes o hay un cambio de administración, es que es difícil removerlos de su puesto. Una reforma de este tipo permitiría que la burocracia vaticana no olvidara que no es en sí misma parte del magisterio y que está al servicio del Papa y del colegio de obispos.
2.- REFORZAR LOS CUERPOS LEGISLATIVOS EN LA IGLESIA. Al mismo tiempo que en la sociedad civil declinaba el rol de la nobleza en el gobierno, el papel de las legislaturas independientes iba creciendo. Ninguna filosofía política moderna aconsejaría una práctica que dependiera sólo de la sabiduría del Ejecutivo. Hay un reconocimiento universal de que el sínodo de obispos creado por Pablo VI no ha estado a la altura de las expectativas. Sería recomendable que ningún miembro de la burocracia vaticana fuera miembro de él: podría asistir como experto y funcionario, pero sin derecho a voto. Todos los miembros del sínodo deberían ser elegidos por las conferencias episcopales, ninguno debería ser designado. El sínodo debería reunirse de un modo regular -es decir, cada cinco años- y, por supuesto, necesitaría comisiones para preparar agendas y documentos entre tales reuniones. También debería haber un Concilio Ecuménico al menos una vez por cada generación.
3.- CONVERTIR LAS CONGREGACIONES EN COMISIONES SINODALES ELEGIDAS. Las congregaciones vaticanas y consejos son comisiones de cardenales y obispos designados por el Papa. Cada cual es responsable de un dominio especial dentro de la Iglesia como la liturgia, el ecumenismo, la evangelización y el derecho canónico. Los cardenales vaticanos son los miembros más influyentes de dichos consejos. El presidente de cada uno de ellos (llamado prefecto de una congregación y presidente del consejo) es también la cabeza de una oficina del mismo nombre. Estas oficinas aconsejan al Papa e implementan las políticas de la Iglesia. Una función importante de cualquier cuerpo legislativo es la fiscalización de la burocracia. Los miembros de las congregaciones del Vaticano y consejos deberían, por tanto, ser elegidos por sínodos o conferencias episcopales. De este modo, los sínodos y conferencias pueden actuar como creadores de políticas y cuerpos contralores de la burocracia vaticana. Los funcionarios del Vaticano no podrían ser también miembros de las congregaciones, aunque podrían asistir a las reuniones como expertos o miembros del staff.
4.- CREAR UNA JUDICATURA INDEPENDIENTE. Uno de los más importantes elementos en un gobierno que opera bajo la ley es una judicatura independiente. Permitir al Ejecutivo acusar, perseguir, juzgar y sentenciar a un sospechoso es hoy considerado una violación al debido proceso. El tratamiento dado a teólogos acusados de disenso por la Congregación para la Doctrina de la Fe es causa de escándalo. El potencial para ese tipo de escándalos se mantendrá mientras esta Congregación continúe actuando como policía, fiscal, juez y jurado. Un jurado independiente, quizás formado por obispos retirados, podría corregir adecuadamente el problema.
5.- MODIFICAR LA ELECCIÓN DE OBISPOS. La designación de obispos por el Papa es una innovación moderna que sigue un modelo corporativo, donde el Pontífice actúa como poder central y los obispos como gerentes de las ramas. Este modelo corporativo es altamente centralizado. Modelos políticos exitosos nos enseñan que los líderes locales deben ser elegidos por los ciudadanos del lugar. Hoy puede ser posible, y aconsejable, volver al sistema sancionado por el papa León I. De esta manera, cada obispo sería elegido por el clero local, aceptado por la gente de su diócesis y consagrado por los obispos de su provincia eclesiástica.
6.- FORTALECER LAS CONFERENCIAS EPISCOPALES HACIENDO DE ELLAS CONCILIOS. No todo puede o debe ser decidido por un gobierno central. La doctrina social católica habla de la importancia de la subsidiariedad en las estructuras políticas y en política: lo que se puede hacer localmente debiera hacerse localmente. En los tiempos antiguos, los concilios locales y regionales de obispos jugaron un papel importante en la determinación de la doctrina y disciplina de la Iglesia. Las conferencias episcopales deberían convertirse en concilios episcopales recuperando su independencia en el establecimiento de las políticas eclesiales. No es necesario que cada decisión y documento sea revisado y ratificado por el Vaticano. Se puede confiar en que los obispos saben lo que es mejor para su iglesia local”.

    Presentación

    En nuestro país, el grupo Edwards y COPESA son los conglomerados con mayor cantidad de medios de comunicación. La información que recibimos día a día a través de la televisión, los periódicos y las principales revistas forman nuestra manera de ver e interpretar el mundo que nos rodea desde con marcados elementos ideológicos, de los cuales ni siquiera nos damos cuenta.

    Desde esta perspectiva, generar espacios para compartir aquello que nos des-alinea y nos des-aliena de la cultura y la ideología oficial, constituye una necesidad para aquellos que aspiramos a construir una "realidad" diferente, basada en valores humanistas, centrados en la solidaridad y que acogen la potencialidad creativa que existe en cada uno de nosotros.

    El objetivo de esta página web es, precisamente, constituirse como un medio de comunicación y de expresión generado por personas comunes y corrientes, pero que buscan conectarse con lo grande que hay dentro de ellas mismas y entregarlo a los demás a través de la palabra escrita.