LA “VOZ DE SILENCIO SUTIL DE DIOS” NOS HABLA EN MEDIO DE LAS TORMENTAS DEL MUNDO.

LA “VOZ DE SILENCIO SUTIL DE DIOS” NOS HABLA EN MEDIO DE LAS TORMENTAS DEL MUNDO.

DOMINGO19 del Tiempo Ordinario - Ciclo "A" - 7 de Agosto de 2011 - El Evangelio de este Domingo nos trae el relato de cuando San Pedro comenzó a hacer una cosa imposible para nuestra naturaleza humana: caminar sobre el agua. ¿Cómo sucedió este milagro y por qué Pedro comenzó a hundirse? (Mt. 14, 22-33) Sucedió que, enseguida de la multiplicación de los panes y los peces, Jesús ordenó a los discípulos que subieran a la barca y se trasladaran a la otra orilla del Lago de Genesaret. El Señor despidió a la gente y subió al monte para orar a solas. Mientras tanto, los apóstoles tenían dificultades en la travesía nocturna, pues las olas eran fuertes y había viento contrario.
Y el Señor se les aparece ya en la madrugada, pero de una forma peculiar: viene Jesús caminando sobre el agua. Ellos se asustan de tal manera, que daban gritos de terror. Nos dice el Evangelista Mateo, testigo presencial del hecho, que el susto venía porque creían que Cristo era un fantasma. Y El los calma diciéndoles: “Tranquilícense y no teman. Soy Yo”. San Pedro, como siempre intrépido e impulsivo, le dice: “Señor, si eres Tú, mándame ir a Ti caminando sobre el agua”. Y el Señor le concede tan atrevida petición. Pero ¿qué sucede? Efectivamente, Pedro comienza a caminar sobre el agua, igual que Jesús, pero en un momento dado “al sentir la fuerza del viento, le entró miedo y comenzó a hundirse”. Dudó y se hundió. ¡Cómo nos parecemos nosotros a los Apóstoles! Nuestra vida espiritual está llena de pasajes como éste de Pedro. San Pedro duda y comienza a hundirse. Luego el Señor lo rescata dándole la mano. Hay que confiar plenamente, para no hundirse. La seguridad nos viene, no porque no haya tormentas ni turbulencias en nuestra vida, sino porque confiamos plenamente en que Dios no nos dejará hundir. No es la ausencia de tempestades lo que me da paz, sino la confianza plena de que -en tierra firme o sobre las aguas, en tormenta o en calma- el Señor está conmigo. La confianza no consiste en no tener tormentas alrededor, sino en saber que Dios está allí, tanto en la tormenta, como en la calma, tanto en la luz, como en la oscuridad.
La Primera Lectura: I Reyes 19, 9.11-13b, nos trae el pasaje del Profeta Elías en el Monte Horeb cuando Dios se le revela en el murmullo de una suave brisa. Estas son las palabras utilizadas en la mayoría de las actuales traducciones. Sin embargo, para entender mejor este suceso un poco misterioso, debemos recurrir a los más recientes estudios lingüísticos que nos dan una traducción un poco diferente: "la voz de silencio sutil”. Esta nueva expresión facilita la comprensión de este pasaje enigmático. Primero debemos ver qué fue a hacer Elías en esa larga peregrinación que lo llevó al Monte Horeb -que es el mismo Monte Sinaí. En realidad Elías estaba huyendo de la reina Jezabel que lo buscaba para matarlo. Pero ¿por qué se fue tan lejos? En el Monte Horeb, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob se había revelado bajo el nombre de Yavé (Ex 3, 6); el Horeb había sido el monte de las instrucciones de Yavé a Moisés (Ex 33, 18-34,9); en el Horeb se había sellado la Antigua Alianza (Ex 19-24). Sabemos que Yavé se había revelado a Moisés y al Pueblo de Israel en medio de "truenos, relámpagos, densa nube sobre el monte y fuerte sonido de trompetas" (Ex 19,16). Así que, además de huir, Elías había ido específicamente al Horeb para encontrar a Dios como al principio lo había hecho el Pueblo de Israel. Pero allí en el Horeb Elías vivirá una experiencia desconcertante: no encuentra a Dios ni en el viento, ni en el terremoto, ni en el fuego, que eran formas en que Dios se había manifestado antes. Nos dice el texto que luego vino una “voz de silencio sutil”. Y allí sí que estaba Dios. Elías aprendió, como debemos aprender nosotros, que Dios es imprevisible. Unas veces se manifiesta de ciertas maneras y otras veces de otra. El es libérrimo para manifestarse o no, y para escoger la manera de hacerlo. Muestra de esto es la manera como se apareció Jesús a los Apóstoles caminando en medio del lago en la mitad de la noche: imprevisible y libérrimo para escoger su modo de presentación. Dios siempre está.
En la Segunda Lectura (Rom 9, 1-5), San Pablo se lamenta con infinita tristeza y un dolor incesante que tortura su corazón de la actitud de mi raza y de mi sangre, los israelitas… descendientes de los Patriarcas; y de cuya raza, según la carne, nació Cristo. ¿Por qué se lamenta de esta manera tan dolorosa? Porque muchos de sus hermanos de raza, a quienes pertenecen la adopción, la gloria… y las promesas, no han querido acoger el mensaje de Cristo. Tal es su preocupación, que en esta carta a los Romanos San Pablo dedica dos capítulos completos a tratar este tema, para resolver el dilema en el Capítulo 11 anunciándonos un secreto: parte del pueblo de Israel quedará sin reconocer al Mesías. Pero al final Israel se salvará. A ustedes, que no son judíos, les digo: Si tú fuiste sacado del olivo silvestre que era tu misma especie, para ser injertado en el olivo bueno, que no era de tu especie, será mucho más fácil para ellos (los judíos), que son de la misma especie del olivo… Quiero, hermanos, que entiendan este misterio y no se sientan superiores. Una parte de Israel va a quedarse endurecida hasta que el conjunto de las naciones haya entrado; entonces todo Israel se salvará, según dice la Escritura: “De Sión saldrá el libertador que limpiará a los hijos de Jacob de todas sus faltas”… Y ésta es la alianza que Yo haré con ellos después de borrar todos sus pecados… Pues bien, ustedes, que no obedecían a Dios, fueron perdonados a través de la rebeldía de los judíos. Ellos, a su vez, serán perdonados después de la actual rebeldía que les ha traído el perdón a ustedes… Así Dios hizo pasar a todos por la desobediencia, a fin de mostrar a todos su misericordia. (Rom 11, 13 y 24-32)
(*) Estudiante de Pedagogía en Religión y Filosofía de la Universidad Católica del Maule
Colectivo Cultural Jorge Yáñez Olave.

PLURALISMO, CAUSA COMÚN Y EL VALOR DE LA TOLERANCIA.

PLURALISMO, CAUSA COMÚN Y EL VALOR DE LA TOLERANCIA.
El pluralismo no niega nada de lo que las personas creen o viven como identidad, de lo contrario no es pluralismo. Lo que puede resultar inaceptable para toda una sociedad, debe ser considerado de todas maneras, dentro de un clima de tolerancia, donde se pueda discernir el límite de esta tolerancia. Porque todo no es tolerable. Hay límites humanos.
Lo que necesita Chile y en general toda esta civilización de la post-modernidad es un pluralismo que parta de las diferencias para ser respetadas, toleradas; y no en su minimización ni menos en su negación. Este pluralismo no se puede basar en el "no fijarnos en el color político, religioso, etc.", es decir en aspectos concretos de las personas, porque esto significa pedir renegar de la propia vida y “alienarse” con otro contenido: un pragmatismo, un relativismo...o un vacio seudo-neutral. El desprecio de un agnóstico por “ciertas verdades” no lo faculta para despreciar y atropellar a las personas que creen en estas verdades. Es la falencia de algunas teorías tolerantistas del siglo XIX y XX, que imponen una represión de lo religioso. Mutilan la vivencia religiosa de los creyentes, pretendiendo “privatizar” lo sagrado. Imponen una educación sin religión. Al apoderarse del Estado ponen dificultades a la Iglesia y a los católicos.
La causa no puede sacrificar lo propio, que es la vida y que es lo que impulsa a luchar por la causa. Pretender unir con lo parecido o con lo que se tiene en común solamente, no es unir, es castrar. No basta una causa común, es necesario que la lucha por esa causa no tenga como precio la negación de lo fundamental del ser personal, de la propia identidad, que es absolutamente necesaria para la dignidad personal. Los valores de la causa son positivos, por si mismos. El fondo y la forma de la causa, no pueden sacrificar nada de lo esencial para cada persona, por lo tanto importa cómo se configuran. El fin se refleja en los medios. La "gracia" es pensar diferente, ser diferente y luchar por una causa que involucra estas diferencias y no sólo lo que se parece o es común: se lucha por una sociedad de la diversidad donde se respeta la identidad y no se pone la generosidad en un nivel que no corresponde, porque esta y la humildad tienen un límite: no pueden sacrificar a una persona en lo que tiene de propio.
A una persona le puede dar lo mismo lo religioso y en algún momento lo ideológico, etc. (Lo digo como mero ejemplo) puede ser un agnóstico, no creer en ciertas verdades, etc. pero eso no lo hace neutral, porque este agnosticismo tiene un contenido. Lo importante es compartir desde donde emerge la motivación para la causa y sin pretender crear un sincretismo, aprender a tolerar y construir en un ambiente de pluralismo...esto supone captar los valores de la causa, los verdaderos valores de la causa. El laicismo tampoco es neutral, es una forma de vivir y pensar. Nadie tiene derecho a imponerlo. Hay grupos sectarios que tienen organizaciones internacionales, que fomentan una ideología intolerante, contraria a la libertad religiosa. Es una ideología laicista excluyente, anti-democrática y oscurantista. Oscurantista, porque no asume los valores de una auténtica tolerancia y respeto a la diversidad, opera desde la oscuridad de sus grupos subterráneos. Esta intolerancia ha llegado a organizaciones internacionales como las Naciones Unidas.
En Chile, hay grupos “adoradores de la vieja diosa razón” que buscan desde los orígenes de la República, imponer una educación laica, o mejor dicho laicista, anti-dogmática y cientificista. Hacen causa común con algunos sectores de Izquierda. Parece muy lejano, sin duda, llegar a una realización histórica de este proyecto excluyente. Sin embargo, esto no puede quedar fuera del debate sobre educación y la reforma constitucional que se quiere impulsar. Incluso, es el fundamento para un ideario de una fuerza política que debe generarse desde las bases católicas, de creyentes que comprenden el real significado de estas ideologías inspiradas en la intolerancia y un seudo-pluralismo que se nutre de la mutilación de las personas.






(*) Estudiante de Pedagogía en Religión y Filosofía de la Universidad Católica del Maule
Colectivo Cultural Jorge Yáñez Olave.

¡Providencia Divina: Dios irrumpe en la Historia y Hace posible que el Creyente Reciba y Construya el Reino!

DOMINGO 18 del Tiempo Ordinario - Ciclo "A" - 31 de Julio de 2011 -El tema de la Liturgia de hoy es el de la Providencia Divina y la confianza que debe tener el cristiano de que Dios, que es Padre infinitamente misericordioso, se ocupa de todas nuestras necesidades: tanto espirituales, como materiales. Dios se ocupa de los lirios del campo y de las aves del cielo, y más aún se ocupa de cada uno de nosotros, sus creaturas que, como El mismo nos dice, valemos mucho más que las flores y los animales (cfr. Mt. 6, 28).



En la Primera Lectura de hoy, tomada del Profeta Isaías (Is. 55, 1-3), podemos apreciar el cuidado amoroso de un Dios que es Padre, ocupándose de sus creaturas. Así nos dice el Señor a través del Profeta: “Todos ustedes, los que tienen sed, vengan por agua; y los que no tienen dinero, venga, tomen trigo y coman; tomen vino y leche sin pagar. ¿Por qué gastar el dinero en lo que no es pan, y salario en lo que no alimenta? Escúchenme atentos y comerán bien, saborearán platos sustanciosos. Préstenme atención, venga a Mí, escúchenme y vivirán” (Is. 55, 1-3). En esta Lectura podemos intuir, tanto los bienes y alimentos materiales, como los espirituales. Y todos ellos nos vienen de Dios, aunque nos toque trabajar para obtenerlos. Para los bienes materiales, El nos da la posibilidad de encontrarlos poniendo nosotros nuestro aporte, que es el trabajo cotidiano. Para los espirituales nuestro aporte consiste en nuestra respuesta a la Gracia Divina, es decir, nuestro “sí” a la Voluntad de Dios. Recordemos esto cada vez que recemos el Padre Nuestro, pues “el Pan nuestro de cada día” que pedimos en esa oración con que Jesús nos enseñó invocar a Su Padre, nuestro Padre, se refiere al alimento material y también al alimento espiritual.

El Salmo nos recuerda esa confianza en la Providencia Divina. Así hemos rezado: “Abres, Señor, tu mano y nos sacias de favores ... A todos alimentas a su tiempo ... Todos quedan satisfechos”. (Sal. 144) Dentro de esa confianza que debe tener el cristiano de que Dios todo lo provee y de que Dios no permite nada que no sea conveniente para nuestra salvación, está la Segunda Lectura del Apóstol San Pablo a los Romanos (Rm. 8, 35, 37-39). Nada -absolutamente nada- puede apartarnos del amor que sabemos que Dios nos tiene: ni las tribulaciones, ni las angustias, ni la persecución, ni el hambre, ni el peligro, ni la guerra, ni la muerte, ni la vida, ni los demonios, ni el presente, ni el futuro. Así es la seguridad del cristiano que confía en su Padre, Dios. Con esta confianza construye lo que le corresponde en la historia de los hombres y mujeres.

El Evangelio nos trae uno de los milagros más recordados de Jesús, el de la Multiplicación de los Panes y los Peces: alimento multiplicado y gratis para saciar a todos los que le seguían en ese momento. Pero, más allá del milagro multiplicador, es interesante descubrir en este texto del Evangelista San Mateo (Mt. 14, 13-21), algunos detalles que rodearon este impresionante milagro. Lo primero que llama la atención es el hecho de que para el momento de este acontecimiento, Jesús se acaba de enterar de la muerte de su primo, su Precursor, San Juan Bautista. Nos dice el Evangelista que “al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, subió a una barca y se dirigió a un lugar solitario”. Es decir, que en ese momento el Señor estaba de duelo y quería retirarse a solas, seguramente a orar, o simplemente a recuperarse de la tristeza de este hecho. Sabemos que, como Dios, Jesús conocía de antemano lo que iba a suceder a su primo. Pero, como Hombre verdadero que era también, sentía aflicción por tal pérdida y por tan vil asesinato (cfr. Mt. 14, 1-12). Pero... ¿por qué llama la atención esto? Llama la atención por lo que nos cuenta el Evangelista: al saber la gente que Jesús estaba por allí, lo siguieron por tierra y El, al ver aquella muchedumbre, “se compadeció de ella y curó a los enfermos”. Y la atención de Jesús para con esa gente no se queda allí, sino que posteriormente, les da de comer a todos. Si observamos bien, entonces, nos damos cuenta de que Jesús se olvida de lo que inicialmente iba a hacer, se olvida de su retiro en soledad, se olvida de su duelo, de su dolor, y se somete a la solicitud de una muchedumbre hambrienta de pan material y de pan espiritual. Y nosotros, que debemos captar los valores de Cristo, ¿es así como actuamos con relación a las necesidades de los demás? El otro detalle que llama la atención de este milagro multiplicador de comida es el hecho de que Jesús le pregunta a sus discípulos cuánta comida tienen. Y ellos le informan: son sólo cinco panes y dos pescados. La muchedumbre era grande: cinco mil hombres, más las mujeres y los niños. Si tomamos en cuenta que a Jesús lo seguían muchas más mujeres que hombres, probablemente en total podían haber sido unas quince mil personas. ¿Cómo podían los discípulos, preocupados por el gentío, seguir la indicación del Señor que les dice: “Denles ustedes de comer”?

El Señor les pedía un imposible: dar de comer a una multitud con cinco panes y dos pescados. Ellos obedecen, aunque parecía imposible. ¿Cómo actuamos cuando el Señor nos pide algo que creemos imposible? ¿Confiamos plenamente en Dios u olvidamos que Dios nunca nos pide algo que no podamos cumplir con su Gracia? ¿Qué sucedió, entonces, en esta escena evangélica? ¡Sucedió lo imposible! Los Apóstoles sí pudieron cumplir la instrucción del Señor, pues, acto seguido, Jesús efectúa el milagro: de los cinco panes y dos peces iban saliendo muchísimos panes y pescados... ¡tantos! que al final se recogieron doce cestas de sobras. Pero este milagro fue ¡nada! en comparación con otro milagro que este milagro pre-anuncia: la Sagrada Eucaristía, en la cual Jesús se convierte El mismo en nuestro “Pan bajado del Cielo” (Jn. 6, 41). En efecto, Jesús es nuestro “Pan de Vida” que alimenta nuestra vida personal e interpersonal, que se da a nosotros como alimento en la Hostia Consagrada, cada vez que queramos recibirlo: diariamente, si deseamos o podamos. Recordemos: Dios espera que pongamos lo poco que tengamos (nuestros cinco panes y dos pescados) para El multiplicarlos para los demás. El Reino es primero un don que nos permite construir nuestra historia donde Dios es el centro actual y fin de la historia.

(*) Estudiante de Pedagogía en Religión y Filosofía de la Universidad Católica del Maule

Colectivo Cultural Jorge Yáñez Olave.

UNIVERSIDAD CATÓLICA DEL MAULE: PROFANACIÓN, LUCRO Y VOCACIÓN DEL PROFESOR DE RELIGIÓN Y FILOSOFÍA.

Han pasado varias semanas desde que un grupo significativo de alumnos de la Universidad Católica del Maule, se tomara esta casa de estudio y decidió unirse al Movimiento Estudiantil nacional y a la vez presentar un Petitorio interno relacionado con la realidad del alumnado que estudia aquí. La generosidad que ánima el espíritu del movimiento es innegable.
Es importante saber encontrar lo esencial para no perder el sentido de la causa por lo que se está luchando, porque no han faltado algunos hechos negativos y aislados que sería exagerado usarlos para restarle legitimidad al movimiento. Por lo mismo, esto no impide desaprobar un hecho grave como fue la profanación que se ha cometido en la capilla de la Universidad, donde hay un responsable que actuó a título personal y no representa al movimiento estudiantil.
Hemos podido conocer diversas posiciones de alumnos (as) frente a la toma y al movimiento en general. Los temas de la educación son muchos, algunos unen otros nos diferencian. Entre ellos está el lucro. Se puede conjeturar que crece en el país la conciencia que el lucro en la educación es nefasto, pone sobre los hombros de la familia media y popular chilena un peso muy difícil de llevar. La educación no es una mercancía, es un medio para que las personas nos humanicemos y esto se refleje en una sociedad más justa y democrática y más cristiana en la vivencia concreta de los que son cristianos, que por supuesto no son todos los chilenos(as), pues entre nosotros hay otros credos y no-creyentes.
En medio de estos acontecimientos que están ocurriendo en nuestro país y en particular en la UCM., han surgido opiniones encontradas sobre temas relacionados con la misión de una Universidad Católica, la Vocación de un Profesor de Religión, su catolicidad, la tolerancia, etc. Todo no puede ser analizado en este breve artículo. Destacaremos algunos.
Algunos sostienen tozudamente que la UCM, es un recinto donde se cultiva el pensamiento crítico con un acento Católico. Pero este pensamiento no es compartido por todos los alumnos. Algunos piensan que el catolicismo que profesa es derechamente un “opio” para debilitar la conciencia de clase y justificar la injusticia y la violencia de nuestra sociedad. Es un sector muy pequeño pero muy activo que se potencia aprovechando el “apoliticismo” de una masa que se dice católica pero no se “contamina” con un compromiso de generar desde esta Universidad un cambio social concreto, que tiene que ser político con todo lo que esto significa, pues no logran rescatar la política con sentido cristiano y separarla de su mala fama. Egresan de sus carreras para perderse en este sistema socio-económico excluyente. Muy pocos asumen un Liderazgo para vivir un cristianismo liberador. Es decir algo de verdad tiene este grupo minoritario. Sin embargo, nos interesa promover una visión crítica que afirma que el cristianismo no puede justificar la injusticia, no debe, porque contradice su misión y esencia.
En Chile, lamentablemente, han sido las Universidades Católicas las que más han promovido un sistema que no origina los valores cristianos de fraternidad y justicia que nuestra sociedad necesita hoy con urgencia. También hay quienes piensan que hay un “cierto cinismo teológico” que no asume la historicidad del misterio de Cristo, es decir hay creyentes que se pueden escandalizar de una profanación al Santísimo, pero no ven la profanación que Cristo sufre en la persona del pobre, del maltratado, explotado, etc. Este cinismo se entrecruza con otro cinismo que es aparentar una fe que no se tiene para poder llegar ser un profesor de Religión y Filosofía. En todo el país hay profesores de Religión que no tienen vocación, sólo les interesa ganar dinero y algunos ni siquiera son creyentes. Esto es grave y hay casos concretos.
Pensamos que sin imponer a nadie el sentido católico que tiene la Carrera de Pedagogía en Religión y Filosofía, se debe salvaguardar el valor de la vocación que supone. Tal vez, se debiera diseñar una carrera de Pedagogía en Filosofía que podría ser liberadora para algunos jóvenes que no les interesa la Religión. Sería tener otra opción. Tal vez, hace falta un diálogo efectivo entre jóvenes creyentes y no-creyentes al interior de la Universidad Católica del Maule. Hace falta otra teología, otro ambiente humano y católico.



Mario Díaz Estudiante de Pedagogía en Religión y Filosofía de la Universidad Católica del Maule
Colectivo Cultural Jorge Yáñez Olave.

¡EL REINO DE DIOS ES INTERIOR E HISTÓRICO!

¡EL REINO DE DIOS ES INTERIOR E HISTÓRICO!

DOMINGO 17 del Tiempo Ordinario - Ciclo "A" - 24 de Julio de 2011 - Hoy el Evangelio de San Mateo nuevamente nos trae tres parábolas: la del Tesoro escondido, la de la Perla fina y la de la Red de pescar. Y Jesús usa esas tres cosas para explicarnos el significado del Reino de los Cielos y su importancia. (Mt. 13, 44- 52).

Son muchas las veces que Jesús nos habla en el Evangelio del “Reino de Dios”, del “Reino de los Cielos”. Y, además ¡cuántas veces hemos repetido esa frase del Padre Nuestro “venga a nosotros tu Reino”! Quiere decir, entonces, que es importante entender qué es el “Reino de los Cielos”. Veamos primero la última de las tres parábolas, la de la Red de pescar. Es una parábola escatológica, que se refiere a lo mismo que veíamos el Domingo pasado sobre el trigo y la cizaña; es decir, a que en esta vida convivimos buenos y malos, para luego, al final, quedar divididos: unos para la salvación eterna y otros para el Infierno. La “pesca” es un símbolo preferencial sobre lo que es la misión de la Iglesia, que es misión de todos los que formamos la Iglesia: pescar gente. Recordemos lo que Jesús le dijo a Pedro y a su hermano Andrés cuando, estando ellos echando sus redes en el Lago de Galilea los llamó para que lo siguieran, diciéndoles: “Síganme y los haré pescadores de hombres” (Mt. 4, 18-19). Y en esa pesca viene toda clase de gente: unos se van, otros se quedan, unos son muy pecadores, otros menos pecadores, unos se salvan unos se condenan. Esta parábola, entonces, también nos recuerda cómo es la Iglesia: santa porque su fundador es Santo y su misión es santificar a todos, pero también es pecadora, porque los que formamos parte de ella somos pecadores. Al final, cuando Jesús vuelva como Juez, separará a unos de otros, los buenos irán al Cielo y los malos serán “echados al horno ardiente, donde habrá llanto y desesperación”. En el caso de la Parábola del Tesoro escondido y la de la Perla fina, ambas plantean cuán valioso es el Reino de los Cielos si se compara con otras riquezas. En el primer caso, se trata de un tesoro que alguien encuentra y, “lleno de alegría, vende todo lo que tiene”, para poder comprar ese terreno. La segunda parábola cuenta que un comerciante de perlas finas encuentra “una perla muy valiosa” y, entonces, va y vende todo lo que tiene para comprarla. Como vemos, ambas comparaciones dadas por el Señor nos indican la superioridad que tiene el Reino de los Cielos frente a cualquier otra cosa, y nos hace ver la actitud que tiene quien lo llega a descubrir: se propone adquirirlo a cualquier costo, vende todo lo que tiene, para poder lograr tener lo que verdaderamente vale.
El Reino de los Cielos es, ciertamente, la presencia de Cristo en medio de nosotros y el anuncio de su mensaje de salvación. Pero la salvación que El nos vino a traer se completa en la eternidad cuando lleguemos a participar de la plenitud de la presencia de Dios en el Cielo. ¿Qué significa “vender todo”? Es otra forma de decir: “Amar a Dios sobre todas las cosas”. San Pablo nos recuerda en la Segunda Lectura de Romanos (Rom. 8,28-30) la salvación a que hemos sido llamados. El designio salvador de Dios consiste en que reproduzcamos en nosotros la imagen de Cristo Jesús. El Reino se construye con Cristo y es el mismo Cristo en nosotros. “Busquen primero el Reino de Dios y lo demás les vendrá por añadidura” (Mt. 6, 33) La añadidura es obra de Dios y parte del Reino que está en la historia y estará en la eternidad.

La Primera Lectura del Primer Libro de los Reyes (1 Re 3.5.7-12) nos trae un personaje que entendió esto y pudo vivir lo que significa esto de lo primero y la añadidura. Se trata Salomón que le pidió a Dios sabiduría para gobernar a Israel. Y resulta muy interesante ver que cuando Dios le dice a Salomón que le pida lo que quiere, Salomón no le pide la “añadidura”, sino que le pide “sabiduría de corazón, para poder distinguir entre el bien y el mal”, y así poder cumplir con la misión que Dios le había encomendado, que era gobernar al pueblo de Israel. Nos dice la Escritura que “al Señor le agradó que Salomón le hubiera pedido esto y no una larga vida, ni riquezas, ni la muerte de sus enemigos”. Y por eso le otorgó no sólo lo que le pidió, sino que también le dio la añadidura: “Te voy a conceder”, Dios le dijo, “lo que me has pedido y también lo que no me has pedido: tanta gloria y riqueza que no habrá rey que se pueda comparar contigo”. Y así fue. Necesitamos la añadidura, pero primero está el Reino de Dios y su Justicia. Siempre se dará la añadidura, porque también la necesitamos.

LA EUCARISTÍA, TRANSFORMA LA HISTORIA DE CADA CREYENTE Y DE LA HUMANIDAD.

Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo - Ciclo "A" - domingo 26 de junio de 2011 - Jesucristo murió, resucitó y subió a los Cielos, y está sentado a la derecha de Dios Padre. Pero también permanece en la hostia consagrada, en todos los sagrarios del mundo. Es decir permanece en la historia que se hace salvación. Y allí, en el sagrario, está vivo, en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad; es decir: con todo su ser de Hombre y todo su Ser de Dios, para ser alimento de nuestra vida integral. Es este gran misterio lo que conmemoramos en la Fiesta de Corpus Christi.

La Eucaristía es el Regalo más grande que Jesús nos ha dejado, pues es el Regalo de su Presencia viva entre los hombres. Al estar presente en la Eucaristía, Jesucristo ha realizado el milagro de irse y de quedarse. Es tan real la presencia de Jesucristo, Dios y Hombre verdadero en la Eucaristía, que cuando recibimos la hostia consagrada no recibimos un mero símbolo, o un simple trozo de pan bendito, o nada más la hostia consagrada -como podría parecer- sino que es Jesucristo mismo penetrando todo nuestro ser: Su Humanidad y Su Divinidad entran a nuestra humanidad -cuerpo, alma y espíritu- para dar a nuestra vida, Su Vida, para dar a nuestra oscuridad, Su Luz. Esto no se queda en nuestra intimidad, es la fuente de nuestra construcción histórica, de nuestro amor al Otro que vive con nosotros.

Nuestro ser terreno necesita de ese alimento espiritual que es el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Así como necesitamos del alimento material para nutrir nuestra vida corporal, así nuestra vida espiritual requiere de la Sagrada Comunión para renovar, conservar y hacer crecer la Gracia que recibimos en el Bautismo, gracia que es la semilla de nuestra vida integral. “Quien come Mi Carne y bebe Mi Sangre permanece en Mí y Yo en él” (Jn.6, 56.) Es así como, recibiendo a Jesucristo en la Eucaristía, dice el Señor a Santa Catalina de Siena, “... el alma está en Mí y Yo en ella. Como el pez que está en el mar y el mar en el pez, así estoy Yo en el alma y ella en Mí, Mar de Paz...” (cf. “El Diálogo”). El misterio del Cuerpo y la Sangre de Cristo es un misterio de Amor, pues la presencia viva de Jesucristo en la hostia consagrada es muestra del infinito Amor de Dios por nosotros, Sus criaturas, pues en la Eucaristía se hace presente nuevamente el sacrificio de Cristo en la cruz, es decir, Su entrega de Amor por nosotros los hombres. Toda la creación es tocada por este misterio de Dios.

Recordemos que Dios Padre nos entregó a su Hijo para pagar nuestro rescate, para redimirnos. Y esa entrega del Hijo de Dios por nosotros los hombres, se renueva en cada Eucaristía. Es así como, al recibir a Jesucristo, todo Dios y todo Hombre en la Sagrada Comunión, recibimos Su Amor, y en virtud de esto somos templos del Amor Divino y testigos de ese Amor, para compartirlo con los demás y prodigarlo a todos. Pero para que se realice en nosotros y a través nuestro el contenido del Misterio Eucarístico es necesario recibir el Sacramento del Cuerpo de Cristo en estado de gracia. La gracia es un regalo sobrenatural dado por Dios para ayudarnos en el camino que nos lleva al Cielo. Este camino pasa por la historia, no se queda oculto en un intimismo alienante y anti-temporal.

“La gracia de esta comunión, Señor, penetre en nuestro cuerpo y en nuestro espíritu, para que sea su fuerza, no nuestro sentimiento, lo que mueva nuestra vida”. Siendo así, nuestra vida humana podrá entonces participar de su Vida Divina, de manera que sea El y no nuestro “yo” el principio que guíe nuestra existencia comunitaria. El sacrificio de Cristo en la Cruz siempre está presente ante el Padre Celestial, porque Dios vive en un eterno presente. Entonces el sacrificio de Cristo en la Cruz, que la Trinidad vive de manera perenne, se nos hace presente en nuestro tiempo y lugar, cada vez que estamos en Misa y la vivimos en el mundo. En realidad hay una sola Liturgia Eucarística eterna, hay una sola Misa, y ésta tiene lugar en el Cielo y en la Tierra de manera continua… todo el tiempo. Cristo nos lleva a la presencia del Padre, caminando con nosotros, encarnado en nuestra humanidad, para que nuestra historia se encuentre con la eternidad (cf. Hb. 10, 19-21). No estamos solamente asistiendo a Misa, estamos unidos con Cielo y tierra celebrando esa única Liturgia eterna. La Comunión no consiste solamente en que recibimos la Hostia Consagrada, sino en que recibimos ¡una Persona! ¡Que es Dios! Y esa Persona-Dios quiere unirse íntimamente con quien lo recibe. Recibir la Comunión significa entrar en unión. No significa nada más que Jesús viene a nosotros: implica una relación de unión. Por tanto, ese deseo de Cristo unirse a nosotros requiere nuestra respuesta: debemos darnos a Él como El se da a nosotros. Y nos damos a Cristo, cuando nos damos a los demás. Sin un amor efectivo al Otro, no hay autenticidad cristiana, sino otra alienación más.

Uno de los Padres de la Iglesia, San Cirilo de Jerusalén, nos regala una imagen eucarística que puede ayudarnos a apreciar y tomar conciencia de lo que significa Comunión: si vertimos cera derretida sobre cera derretida, una inter-penetra a la otra de manera perfecta. Se parece a la unión de Cristo con nosotros y de nosotros en Cristo cuando comulgamos. Un fruto de esta comunión es una convivencia fraternal. La construcción de una “Poli Cristiana”, donde la política es un servicio, un acto de amor, es el camino de la Eucaristía que nutre la vida civil del cristiano. Porque un “cristianismo individualista” es una superstición más.

(*) Estudiante de Pedagogía en Religión y Filosofía de la Universidad Católica del Maule

Colectivo Cultural Jorge Yáñez Olave.

CARTA ABIERTA AL PADRE: PLÁCIDO SOTO QUIROZ, Sacerdote de la Diócesis de Linares.

CARTA ABIERTA AL PADRE: PLÁCIDO SOTO QUIROZ, Sacerdote de la Diócesis de Linares.
Padre Plácido, es muy dolorosa su situación. Lo mismo, es muy grave el daño que sufren las víctimas de abusos sexuales. No tengo ninguna seguridad sobre la realidad de este supuesto delito que se le atribuye. Me pongo en el lugar de la persona denunciante y sin ´poder tener un juicio sobre su denuncia, espero que se establezca la verdad. Pero, no le escribo tan solo ´por esto. Usted me entregó, hace más de un año, una terrible información sobre un sacerdote muy conocido en la Diócesis de Linares. No puedo hacer nada con esos datos. Porque no soy testigo ni víctima y en consecuencia se reducen a rumores que no sirven para ser presentados a un tribunal eclesiástico o civil. Según usted hay un sacerdote homosexual activo, pedófilo y muy hipócrita en una parroquia rural de Linares. Por meses no pude ir a la misa que celebraba este Párroco. Escuchaba los comentarios de personas que lo calificaban muy en concordancia con sus datos. Pero, no tenía nada concreto. Consulté con un abogado y me confirmó que no podía hacer nada. Compartí este “verdadero peso de mi conciencia” con muchos sacerdotes y me sorprendió saber que esto se sabía, que era un secreto a voces. Muy molesto regresé a misa y recibí de este sacerdote la “sagrada forma eucarística”. Pero, pedirle a un fiel católico que siga viendo a Cristo en un sacerdote con esta fama, podrá ser teológicamente correcto, pero es una manera propia de un sistema verticalista que es muy duro con los laicos que cometen errores y demasiado indulgente con los abusos del clero. Esto lo demuestra irrefutablemente la historia. No se puede generalizar, pero no son pocos los casos.
Padre Plácido, usted me respondió, cuando le pregunté porque me entregaba esta información tan asquerosa, que los laicos tenían que salvar la Iglesia. Le hice ver que yo no podía hacer nada y le pregunté por qué no acudía al Obispo con esta información. Me dio algunas razones que me parecen “terribles” por decir algo.
Padre Plácido, llegó el momento de denunciar a este Párroco. Usted lo puede y lo debe hacer. Si usted pasó por una etapa de tinieblas y conoció este fondo de perversión que hace tanto daño a la Iglesia y a personas que quedan marcadas tan profundamente, necesitamos ver el otro lado de este drama que está golpeando a la Iglesia: desde este abismo puede emerger un acto de justicia, una cierta reparación, sin desconocer la gravedad. Cristo asumió la pedofilia en su cruz de muerte, asumió todos los pecados del mundo para hacer posible una restauración, una redención que en definitiva es el triunfo de su obra salvadora. Nunca se podrán justificar las aberraciones de un pedófilo, de un violador o abusador, pero el perdón de Dios tiene una trascendencia que supera los criterios humanos. Será muy difícil, tal vez casi imposible o tal vez no, que personas comunes crean es un cambio en sacerdotes que cometen este tipo de delitos. Pero, es otro camino de la cruz. La Iglesia parece que está aprendiendo que el secretismo, el fuero eclesiástico y otros privilegios, no son útiles en estos tiempos para practicar la justicia y la caridad entre los hombres y mujeres siempre necesitados de Dios. Necesitamos una Iglesia con millones de laicos organizados que vivan una fe adulta, que sin reemplazar la Jerarquía por una democracia, haga posible una fraternidad que sea un modelo de vida frente al consumismo del placer del mercado globalizado. Padre Plácido, hay una hora de las Tinieblas, pero también hay una hora de YAHVÉH.

    Presentación

    En nuestro país, el grupo Edwards y COPESA son los conglomerados con mayor cantidad de medios de comunicación. La información que recibimos día a día a través de la televisión, los periódicos y las principales revistas forman nuestra manera de ver e interpretar el mundo que nos rodea desde con marcados elementos ideológicos, de los cuales ni siquiera nos damos cuenta.

    Desde esta perspectiva, generar espacios para compartir aquello que nos des-alinea y nos des-aliena de la cultura y la ideología oficial, constituye una necesidad para aquellos que aspiramos a construir una "realidad" diferente, basada en valores humanistas, centrados en la solidaridad y que acogen la potencialidad creativa que existe en cada uno de nosotros.

    El objetivo de esta página web es, precisamente, constituirse como un medio de comunicación y de expresión generado por personas comunes y corrientes, pero que buscan conectarse con lo grande que hay dentro de ellas mismas y entregarlo a los demás a través de la palabra escrita.